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  • Isol

Mi Pelo

Mi pelo es rizo, bien rizo, abundante y frizzy.  También es una de las partes de mi que más halagos recibe desde siempre.  Recuerdo cuando era chiquita que un amiguito que se llamaba Elliot siempre me decía “tu pelo es bien brillante”. ¡Jajaja!


La relación con mi pelo ha sido como la de un matrimonio que lleva mucho tiempo y evolucionan juntos y a veces un poco separados. Nos hemos amado, nos hemos odiado, hemos deseado salir el uno del otro (hubo un tiempo donde consideré afeitarme la cabeza), pero aquí seguimos juntos, en esta relación que ya lleva 50 años. Recuerdo que de chiquita mi mamá me cuidaba mucho el pelo. Ella me lo secaba, peinaba y acomodaba. Se tomaba su tiempo para que luciera así. Parecía ser bien importante.


Yo a los 5 años con los cuidados de mi madre.


Luego, ella falleció y quedé a merced de mi padre que no tenía la más mínima idea de como bregar con mi sereta. Mientras crecía, fui por muchos años la chica del moño. Para todo me hacía un moño y si se me ocurría salir con el pelo suelto, terminaba con un moño. Ya en la adolescencia empecé a descubrir algunos trucos para hacer que mi pelo se viera mejor hasta que conocí la magia del blower. Me convertí en una experta estilista casera y andaba con ese pelo siempre tipo portada de la revista . Pero, había algo que no me gustaba, me había convertido en una esclava del blower, y lo fui por mucho tiempo.


23 años y profesional del blower.  Obvien el atuendo por favor.


Yo nací en Puerto Rico, un lugar donde la mayoría de las personas tenemos el pelo natural rizado (y la humedad es insoportable) y donde irónicamente, dejarse el pelo rizo es sinónimos de andar desaliñado y de que te digan “¿Tú como que no te arreglas mucha verdad?” 


Pues así viví por largos años, presa del blower, hasta que por situaciones imprevistas de la vida tuve que dejar de secarme el pelo por completo.  Al principio fue raro y hasta se burlaron de mi en el trabajo, pero como todo en la vida, se acostumbraron,  pasó al olvido y mis greñas dejaron de ser importantes para los demás. No me lo sequé por mucho, mucho tiempo, casi cuatro años.  Andaba con mi cabello rizo, largo, esmorusado, algarete, revuelto, pero me sentía feliz y sobre todo, libre.


Puerto Rico. Pelo rizo y sin método alguno.


Luego, me mudé de PR a Florida y conocí a la tía de mi esposo, una estilista que hacía tratamientos de Keratina.  Dudé si debía aventurarme o no, pero decidí tirarme y me hice la keratina. ¡Wow!

¡Qué maravilla! Mi pelo estaba lacio, brilloso, se secaba con blower súper fácil y si no me lo secaba, solo me salían algunos beachy waves. Se había desaparecido de mi vida el rizo violento, frizzy e ingobernable que caracteriza a mi cabellera.


Viviendo en Florida, enamorada de la keratina. 

Me hice la keratina dos veces antes de mudarme a Kentucky, donde no he encontrado lugares para hacérmela.  Esto es diferente aquí y pelos como los míos no abundan, así que volví a la esclavitud blower.

Ya viviendo en KY, de vacaciones en Destin, Fl.


Nota:  La foto de arriba fue en Destin en unas vacaciones con mi familia.  Si miran bien, ya la humedad estaba destrozando la maranta que me tomó horas secar. 


Luego de estarme pasando blower y luchando contra las inclemencias del tiempo (habían días que llegaba al trabajo como las Kardashians y salía como Tina Turner) decidí hacerme algo parecido a una keratina, yo sola, en casa.  Llena de emoción fui a Sally’s Beauty Supply y compré el producto  para la "keratina" casera. Obviamente, antes de comprarlo, investigué y me empapé de información en la mejor fuente que existe, el internet (sarcasmo).  En un blog una mujer dijo que le funcionó dejarse el producto 20 minutos en vez de 5 (como indicaban las instrucciones) y yo, por supuesto, decidí seguir sus consejos.  Me puse el producto, me lo dejé 20 minutos y adivinen…  Me quemé el pelo.

Luego de secármelo y ver que mi pelo parecía que estaba hecho de flechas chiclosas, traté de cortarme unos cantitos yo misma a ver si eso ayudaba en algo. Cogí una tijera de picar papeles (tremenda idea) y me dije, “si me corto estas puntas quizás no se nota”, me las corté y obviamente, el pelo seguía horrible. Luego pensé: “si me emparejo la pollina con este cantito de acá tal vez se disimula” y así seguí por un buen rato mientras mi marido preguntaba a través de la puerta del baño si todo estaba bien…

Terminé que parecía que un lobo feroz me había atacado y arrancado a mordiscos los pelos de la cabeza. Al otro día tuve que ir a trabajar así (uhum) y luego fui al salón y me corté todo el pelo. Ahora tenía pelo corto y quemado. No tengo fotos de esta etapa por razones obvias.


De más está decir que esta experiencia fue horrible y que me tomó dos años dejar que mi pelo creciera. Juré por todos los santos y por todas las vidas que jamás me haría nada en el pelo sin seguir las instrucciones en el paquete y que nunca más me cortaría ni una punta yo misma. Así ha sido hasta el sol de hoy. Ya con mi pelo sano y un bob larguito decidí que no me lo quería pintar más y empezó mi transición al cabello gris, puedes leer sobre esto aquí.  Pasé la transición con mi pelo peinado, y aunque admito que me gusta y se ve bello cuando me lo seco, la realidad es que me da pereza, me siento esclava, me agobia, me toma una hora, es mucho trabajo, me canso, no quiero. ¡Ahhh!


A mitad de camino de la transición al pelo gris.  Las puntas aún quemadas.


A los dos años, con todo mi pelo gris y agobiada por el blower decidí tratar el Curly Girl Method. Vi videos, me emocioné, me tomé el Kool Aid que me vendieron y salí corriendo a comprar todos los productos recomendados. Suspiro… Yo traté, se los juro que yo traté. Seguí todas las instrucciones, hice lo que todas hacen en sus videos, me compré los turbantes, las fundas para las almohadas... Pero ese método no es para mí.


Trancisión al pelo gris completa.  Tratando el CGM.


El CGM no es fácil, dejarse el pelo rizo con este método es bastante complicado. Hay que dormir con esto, no puedes usar aquello, pero, lo que menos me gusta del CGM es que no te puedes tocar el pelo PARA NADA. No puedo bregar con eso. Te tocas el pelo y no sólo el rizo se deshace si no que te conviertes en una pelota de frizz y yo no podía andar con ese nido de pájaros en la cabeza. Quedó descartado el CGM y volví a pasarme blower. La misma historia, la gente me para para decirme que les gusta mi pelo, que está bello etc., pero coño, qué mucho trabajo da. Ahora estoy en lo que llamo la etapa Doré. No me estoy secando el pelo, no estoy forzando los rizos, me lo toco cuando quiera y cuando no se ve bien me hago una dona como Garance.


Garance Doré


Me compré un champú bien hidratante, un acondicionador bien bueno y unas gotas de aceite que huelen divinas y así andaré por la vida, por ahora: despeinada pero feliz.

-Isol

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