Las Llaves en el Techo

cosas de la vida, crecimiento espiritual, la vida, llaves del carro, momentos especiales, recuerdos,

Escribir es algo que me gusta mucho, siempre me ha gustado.  Escribir sobre lo que sea, lo que me venga a la mente.  Me encanta.   

Hoy les voy a contar una aventura que hace poco viví con mi hija.  A nosotras nos gusta mucho ir thrifting  y este domingo en particular estábamos súper entusiasmadas pues lo habíamos separado específicamente para eso y hacía tiempo que no lo hacíamos.

Nos vestimos cómodas para que no nos de pereza el quita y pon, nos pintamos, y nos fuimos.  Bueno, al menos tratamos…

Nosotras vivimos en un complejo de apartamentos de dos pisos y para cerrar la puerta de nuestro hogar necesitamos la llave.  Mi hija, Alejandra, estaba en el carro con las llaves y, ella por no subir y yo por no bajar (vagas), me tira las llaves desde abajo para que yo pudiera cerrar la casa.  

Recuerdo que pensé, antes de que las tirara, ¿y si caen en el techo?  ¡Bingo!  Vi las llaves pasar frente a mi lentamente y caer en el techo del edificio.  La mirada que nos dimos las dos no puede ser explicada.

Yo enseguida pensé, pues, se cancela todo y a resolver esto, pero Alejandra me dijo: “no, nosotras vamos de compra como sea”.

Aquí empezaron nuestros cerebros a maquinar una manera para coger las llaves del techo.  El techo del complejo es inclinado, bien alto y no hay como subir, esa opción estaba descartada.   Es aquí cuando empezamos a tener ideas súper brillantes (sarcasmo total).

Primero, cogimos el palo de la escoba, le amarramos una “manita” de madera que mi esposo tiene para rascarse la espalda y creamos un artefacto en forma de L.  Con este instrumento, tratamos de que las llaves se pegaran del imán.  Yo me tuve que ir abajo, lejos para mirar la ubicación de las llaves y gritarle a Ale: “¡A la derecha!! ¡Un poco más para la izquierda!!” Nada que ver. 

Ahí se me prendió el bombillo y dije ¡tape! (cinta adhesiva).  Cogimos el tape profesional que tiene mi esposo, lo pusimos alrededor del rascador de espalda y lo mismo.  Me fui abajo, lejos, para guiar a mi hija sobre donde estaban las llaves.  Todo esto con un calor bestial, el sudor me corría por la cara.

Mientras yo gritaba “¡¡más para la derecha!!, ¡un poco más para el otro lado!” se pegan las llaves del imán y las dos comenzamos a gritar de la emoción.  Ale procede a bajar el palo de escoba con las llaves pegadas del tape y cuando pasa por encima del tubo de desagüe, las llaves se caen ahí.  Nos miramos con cara de incredulidad pensando “¿esto es en serio?” Ahora sí que estábamos fritas.

En este momento sí que nos pusimos inteligentes, primero yo (que le tengo miedo a las alturas) estaba dispuesta a arriesgar mi vida caminando por la baranda del segundo piso.  Eso quedó descartado.  Luego pensamos en tirar agua en la cuneta (no sé como rayos) y lograr que las llaves bajaran por el tubo, pero, el desagüe está bajo tierra.  Descartado.  Llamar a la policía o al 911, descartado.
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Entonces, vi la guagua de nuestro vecino electricista y le dije a Alejandra ¿y si nos presta la escalera?  Pues para allá fuimos. 

Era la primera vez que hablábamos con este caballero.  Lo habíamos visto muchas veces y sabíamos que tenía varios niños pequeños y que era electricista porque su guagua lo decía.  Más nada. 

Tocamos a la puerta y él nos abre con cara de sorpresa.  Lo saludamos y le explicamos lo que nos estaba sucediendo y le pedimos prestada la escalera.  El hombre sólo dijo “¿las llaves del carro están en el techo?” con cara de incredulidad o pensando que éramos las dos mujeres más brutas del mundo.

El amable caballero cogió un step que tenía y caminó por el pasillo con nosotras.  Nos preguntó donde habían caído las llaves y le dijimos.  Puso el step en el piso, se subió, metió la mano en la cuneta y nos dio las llaves.

Así de simple. 

Esa fue la alegría más grande del día.  Nos secamos los sudores, nos acicalamos nos fuimos de juerga.

Este evento nos reconfirmó lo que mi padre siempre dice: “El haragán trabaja doble”. 

-Isol

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